Villena ha homenajeado al escultor local, Antonio Navarro Santafé, en su 120 aniversario con una reinterpretación de su obra más famosa, “El Oso y el Madroño”, que se ha situado en el céntrico Paseo Chapí de la ciudad.
La obra es del artista local Anyel Martínez, que lleva el nombre de “Raíces del Alma”, y es una reinterpretación de forma contemporánea del conjunto “El Oso y el Madroño”, símbolo de la ciudad de Madrid.
La obra de Martínez se basa en la geometría, la luz y la fuerza expresiva del acero. Con esta creación, Martínez establece un diálogo entre la tradición escultórica y una visión actual de la escultura monumental contemporánea.
El alcalde de Villena, Fulgencio Cerdán, ha señalado que “está obra va a ser un reclamo turístico y un símbolo cultural de la ciudad”, y destaco que “Villena reconoce a sus artistas, muchos y de diversas disciplinas, que están triunfando en todo el mundo, como ocurre con Anyel Martínez y su equipo”.
El creador, Anyel Martínez, señaló que “la escultura envejecerá con todos nosotros como respuesta de los materiales utilizados en su creación, que ha requerido casi un año de elaboración artesanal”.
El artista ha deseado que “Raíces del Alma” se constituya en un punto de encuentro de visitantes y vecinos de toda la ciudad, en un lugar fotografiable para amigos y vecinos, en una referencia de la ciudad y para la ciudad”.
La obra
La pieza tiene una altura total de 4,5 metros, que alcanza casi los seis metros con su pedestal, y un peso superior a las seis toneladas en su conjunto, con sus 1.200 kilos de la figura.
La obra está construida sobre una estructura interna metálica revestida con chapa de acero de 3 milímetros, trabajada artesanalmente mediante técnicas de conformado, soldadura y acabado. El proceso de oxidación ha sido diseñado específicamente para la obra, generando una amplia riqueza de tonos, matices y texturas que evolucionarán con el paso del tiempo, convirtiendo la superficie en una “piel viva”.
Además, la escultura incorpora detalles en acero inoxidable en elementos como garras, colmillos y ojos, creando un intenso contraste visual entre la calidez del acero corten y el brillo del acero pulido.
Uno de los elementos más destacados de la obra es la copa del árbol, formada por 28 ramas y un total de 4.444 hojas metálicas, elaboradas, conformadas, soldadas y pulidas manualmente una a una.


